Maternar hoy, ¿Dónde está mi tribu?
- María Paz Ojeda

- 10 abr
- 2 Min. de lectura

“La vida real de las madres a sido secreta los últimos siglos. Antes de la pérdida de comunidad, las mujeres estaban juntas, aprendían las unas de las otras y se acompañaban entre ellas” (Andrea Ros).
Cuando supe que estaba embarazada la primera pregunta que me hice fue ¿dónde está mi tribu?. Me di cuenta lo necesaria ques es un tribu para poder llevar acabo esta misión que estaba comenzando a ser muy solitaria. Reuniéndome con otras mujeres me di cuenta que era una necesidad compartida, la de maternar juntas y de tener a otras manos que ayuden en esta tremenda tarea.
Luego otros cuestionamientos surgieron, ¿cuál es mi rol?, ¿cuál es el rol de mi pareja?, ¿qué es ser madre hoy? ¿cuantos y cuáles condicionamientos culturales están pesando en mi manera de maternar?
Cuando Alba nació quise ser la mejor madre que podía ser, pero no tomé en cuenta que en eso me estaba exigiendo ser la madre que nuestra cultura silenciosamente nos ha impuesto. Una madre de día y de noche, capaz de responder a todas las necesidades del bebé, a la vez una que tiene que recuperar rápidamente su cuerpo y luego su rutina laboral para seguir “produciendo”, etc. Por su puesto con un entorno que te lo está insistiendo.
Claramente vino el agotamiento y burn out, mis expectativas estaban fuera de mis reales capacidades, con esto entendí porqué tantas mujeres tiene depresión postparto o una gran sensación de no poder con la maternidad.

Entonces reclamé a mi tribu, busqué a nuestra familia, a otras mujeres y pedí a mi pareja que fuera más parte de los cuidados de nuestra hija.
Comencé a aliviarme, asumí que la crianza no es una tarea de solo una madre, parece obvio y siempre lo pensé así. Lo curioso es que se me olvidó cuando mi hija nació, pues los condicionamientos y patrones automáticos comenzaron a funcionar sin darme cuenta.
Con respecto al vínculo con mi bebé, surgió una libre disposición hacia sus necesidades, lo que me llevó a replantearme la idea de dependencia, encontrándome con el momento de máxima de dependencia de un ser humano a otro. A momentos puede ser agobiante y en otros se experimenta un amor desbordante, lleno de oxitocinas que te recargan para continuar.
Desde mi experiencia y observando a otras mujeres, le diría a otras madres: busquen su tribu, cuestionen su rol, déjense cuidar e incentiven a sus parejas a ser parte activa del proceso en representación de la tribu que hemos olvidado.





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